Anécdotas con Jorge Briceño,  el Mono Jojoy

MJ

 

Por: Víctor Tirado 7º frente

 

Recuerdo una vez que íbamos desplazándonos con el camarada Jorge por la Sierra de la Macarena, en el camino se tomó la decisión de hacer un descanso, nos hicimos cerca de la casa de un compañero civil, allí se sacrificaron unas vacas y estando en esta labor llegó el camarada Jorge. En ese momento estaban los dos niños del compañero, los niños al ver al camarada se quedaron sorprendidos, uno de ellos tenía doce años quien salió corriendo y gritando; ¡mama, mamá allí está el mono jojoy! y jalándola de su vestido para que saliera a verlo. El camarada trato de esconderse, pero al ver que los niños lo miraban con esa alegría salió y los tomo de la mano dejando que la felicidad de los dos niños al verlo le invadieran su corazón.

Por: Mario M.  7° frente

Al camarada Jorge lo distinguí en 1990 en Casa Verde, a partir de ese momento nos hicimos grandes amigos, cada vez que nos encontrábamos el saludo era muy fraternal y de ñapa siempre me encimaba un puño.

El camarada Jorge fue para mí como mi segundo padre, conmigo tuvo mucha confianza, me contaba los cacharros que a él le habían pasado andando con mi papá. Recuerdo mucho uno de esos casos que él me había contado, una vez estando con mi papá en el rio Leyva, se le escapo una noche y se pasó el rio para ir donde una novia que tenía en una compañía de curso, me decía que los guerrilleros eran muy bandidos y que igualmente él cuando era chico era lo mismo. Otra cosa que me decía para  ser comandante era necesario el dominio de los estatutos y con esto ya se podía gobernar gente.

El camarada Jorge para mí fue un extraordinario cuadro, me dejaba impresionado la capacidad que tenía para dar charlas, me gustaba mucho escucharlas ya que  tenía un método muy dinámico para no dormir a las tropas cuando estaba dándolas.

Por: Carolina  7° frente

Una vez que íbamos de marcha llegamos a un caño llamado gafas, ahí estaba la vanguardia haciendo un puente y el camarada Jorge como siempre comenzó a pedir campo, entonces dos muchachos que iban pasando se cayeron, él en son de recocha dijo: abran campo que va a pasar un militar y cuando iba como en el centro se cayó al caño.

Por: Gerónimo.  7° frente

En el campamento del cansado el camarada Jorge se le volaba a la ranchera para ir a la rancha general, en una ocasión estaba repelando en la rancha general pega tostada de arroz y en ese momento llego el camarada Mauricio Jaramillo a la rancha, entonces el camarada por no dejarse descubrir se echó al bolsillo una mano llena de pega de arroz.

Por: Faiber. 7° frente.

En el año 2003 recién instalado el curso de mandos de la columna Casa Verde, aprovechando que el campamento estaba ubicado a lado y lado de la carretera, el camarada Jorge para engañarnos de buena fe, cambio de carro con uno de los choferes, él había llegado en un carro destartalado y con el exosto roto, frenó en la mitad del campamento se tiró del carro y corrió hacia el patio haciendo sonar un pito y gritando que nos necesitaba a todos con equipo, en vista de que el alistamiento estuvo bien, comenzó a reírse de todos y nos dijo que eso se llamaba un asalto.

Por: Chepe 7° frente.

El “MONO JOJOY”. La antítesis del imperio.

Estudiando con mi padre en el bunker donde fue asesinado vilmente por la oligarquía y sus lacayos, paramos de estudiar y de repente cogió una revista que estaba en una mesita y me dijo: “vea mijo ahí esta santos, ya está arrugado y viejo, ni teniendo todas las comodidades ni todo el dinero del mundo se puede evitar llegar a viejo”. Me quede mirándolo fijamente a los ojos y dijo “si chepe la lucha nuestra tiene plena vigencia porque mientras que haya pobres en Colombia, existirán las suficientes razones para luchar contra esta oligarquía, por una Colombia distinta y dar la vida si es necesario por nuestras ideas”, lo que me impacto fue la convicción, la certeza que seguramente no podrían caber en estas cortas líneas y los sinónimos para expresar la fuerza con la que lo decía. A la vez brillaban sus ojos expresando tal vez mucho más de lo que decían sus palabras. A los 3 días el imperio asesina a mi padre, pero sus ojos siguen y seguirán brillando como una luz de esperanza en todos los que luchamos por una Colombia distinta, una Colombia feliz llena de esperanza.  ¡Qué hombre!

Por: Enrique 7° frente.

El camarada Jorge siempre me llamaba kikito. En una ocasión conversando me hizo una pregunta sobre mi papa y luego me dijo con seguridad: el camarada Manuel es para mí como mi padre y siendo así yo soy su hermano mayor.

Por: Jimy  7° frente

En el año 2009 el camarada se enteró que jugábamos esgrima a la orilla de caño Leiva y me preguntó que con quienes mantenía jugando, le mentí diciéndole que solo, al día siguiente mientras estaba de guardia para que los otros jugaran  de repente sentí que me llamaron por la espalda y me dijo: con que no le gustaba el jueguito…

Por: Didier  27° frente

Cuando yo era de la unidad de la Rondón un día, me correspondió ir de guardia del camarada Jorge a una reunión que él tenía en el campamento del Jardín, llegando a ese sitio nos dijo que nos fuéramos para la recepción y lo esperamos ahí, nos dieron almuerzo, al rato nos mandó llamar a la oficina para que almorzáramos, nosotros le dijimos que ya habíamos almorzado, y él nos dijo que quién nos había ordenado y por eso teníamos que comernos el almuerzo que él con voluntad nos había mandado preparar.

Por: Hugo Alba

En el año 1998, mientras construíamos la carretera entre el río Yari y el caño Billar, el camarada Jorge Suarez Briceño nos visitaba constantemente y asesoraba el trabajo, que con mucho esfuerzo realizábamos la guerrillerada, por el momento desconocíamos que objetivo específico  tenia dicha carretera. Cada visita suya nos enseñaba,  corregía los errores y a la vez nos hacía reír.

Un día partió por la carretera y en el afán que llevaba se le volcó el carro en una curva, al subirse en un barranco. Al enterarnos con un chofer que venía de vuelta, nos preocupamos mucho, pero pronto supimos que estaba bien. Fue así como lo tuvimos de nuevo a los pocos días, dirigiendo la histórica pelea del billar a la cual acudimos por esa carretera.

Por: Alexander Rodríguez

Un poco después de ingresar, cuando yo contaba con 16 años, conocí al camarada Jorge Suarez Briceño. Apenas me vio, me dijo que yo era muy joven, que por eso me recordaría como “un huevito”. Al pasar casi 5 años lo volví a ver, averiguo por mi comportamiento y fue entonces cuando me incorporo a una compañía de combatientes entre los 18 y 25 años. Decía que allí quería formar unas tropas con alta moral, que  siendo las nuevas generaciones pudieran adquirir todos los conocimientos necesarios para la lucha. En medio de su jovialidad nos llamaba los lecheros y ordeno al ecónomo general darnos doble presupuesto de leche, como una forma de decir que éramos unos bebes, todos sabíamos que era para hacer reír a la guerrillerada.

La burguesía no se cansa de afirmar que las FARC-EP reclutamos niños. Yo lo que puedo decir es que mandos como el camarada Jorge recibieron a miles de jóvenes que ingresamos por voluntad y éramos parte del pueblo oprimido. Aquí nos acogieron y nos dieron los elementos para ser mejores personas y aportarle a la revolución.

Por: Isabela Sanroque

Antes de conocer al camarada Jorge, tenía en mente al hombre rudo y frio, imagen quizás un poco alimentada por los medios de comunicación. Lo vi por primera vez, rozagante y vigoroso en las cordilleras del Guayabero, en ruta hacia una montaña llamada filo frío a comienzos del año 2006.

Este encuentro con uno de los comandantes más nombrados y reconocidos en la historia de las FARC-EP, me lleno de orgullo y felicidad. Recuerdo que con la voz fuerte que lo caracterizaba saludo a cada una de las guerrilleras con un tierno beso en la mejilla y cada uno de los guerrilleros con un fuerte estrechón de manos. Me impresionó que recordaba sino  el nombre de todos a quienes conocía, por lo menos alguna referencia de su procedencia o trayectoria. Según supe así era siempre, indudablemente tenía una memoria envidiable.

Ese día cuando me dirigía hacia el patio de formación junto a mi compañero, nos sorprendió saliendo de un frondoso árbol, como jugando a las escondidillas. Enseguida tras nuestra sorpresa y timidez ante su presencia, soltó una carcajada contagiosa que jamás olvidare y que me dejo la sensación de estar frente a un niño travieso.

En la fiesta del 2 de enero, fecha de su cumpleaños, donde fue convocada una gran cantidad de combatientes y mandos, el camarada Jorge desfogo toda su alegría bailando y compartiendo con sus tropas.

Unos meses después este filo se convertiría en terreno de severos combates entre el ejército burgués y las compañías de orden público dirigidas por el camarada Jorge.

En la última etapa de su vida,  desarrollo un curso de comandantes en el cual participe. Sus clases eran un verdadero deleite, no solo por su capacidad de oratoria  sino además por la fuerza y dinamismo que le imprimía a cada discurso político.

En conclusión descubrí a un hombre carismático, guerrero y con una moral inquebrantable, digna ejemplo a seguir.

Por: Esneider Brizancia

Recuerdo del camarada Jorge, que en medio de la discusión de las tesis de la Novena Conferencia en el año 2006, estando en el aula me ordeno levantarme y me preguntó si estaba asustado, al contestarle que no, me miro con ojos de picardía y dijo pues yo si estoy asustado de verlo a usted con ese pelo. Realmente yo llevaba varios días sin peluquearme.

Luego me dijo, -no se sienta regañado, pero se me presenta por la tarde peluqueado. Sentarse-

El camarada Jorge todo el tiempo estaba enseñando, con cualquier comentario o chiste en público buscaba compartir sus opiniones con la tropa y finalizaba con una sonrisa.

Por: Yency Lions

Mi gran sueño era distinguir al camarada Jorge y estrecharlo con un cálido abrazo por eso me alegre cuando el camarada Efrén comentó que iba a reunirse con él.

Desde entonces me ilusione con la idea y estuve pendiente del personal seleccionaban para acompañarlo. Tuve la fortuna de quedar en la lista, lo cual me alegro muchísimo y solo pensaba en el momento de verlo.

Emprendimos la marcha, luego de mucho esfuerzo y largas jornadas por la selva, logramos llegar a una unidad de aseguramiento del camarada Jorge que estaba relativamente cerca de él.

Estábamos muy ansiosos, pero al pasar 8 días. Escuchamos su voz estremecedora llamando al comandante ¡Alirio, Alirio!.  Toda la guerrillerada se fue hacia él, como nos inspiraba tanto respeto y admiración, lo saludamos. Mi sueño se hizo realidad al darle un beso en la mejilla y un abrazo gigante.

Por: Jessica Malagón

Cuando conocí al camarada Jorge yo tenía 16 años, ya llevaba algo más de un año en la guerrilla, desde que lo vi me impresiono su forma de ser con la guerrillerada, sin importar si eran viejos o jóvenes.

Al pasar el tiempo, en el año 2003, fue requerido un personal de la unidad del camarada Carlos Antonio Lozada, para disponerlo a recibir cursos de distintas especialidades. Yo fui seleccionada y me nombraron comandante de la escuadra que emprendía esta misión.

Cuando llegamos donde él nos saludó como el buen comandante y padre que representaba para nosotros. Al verme me pregunto ¿Quién es usted hoy día? Yo sonreí tímidamente.

Luego preguntó ¿Quién es el comandante de esta comisión? A lo cual respondieron las tropas: Es ella,  y me señalaron. Entonces el mono me abrazo como símbolo de que se sentía orgulloso de que yo estuviera ejerciendo una responsabilidad, él siempre estaba interesado en que las mujeres asumiéramos tareas de todo tipo en la lucha. Ese gesto me motivo a seguir esforzándome por ser mejor.

¿A quién le temía el Mono  Jojoy?

Por: Bayron Yepes

El hijo del mono, Chepe, nació en un campamento ubicado en las riberas del rio Caguán, en el departamento del Caquetá.   A estas instalaciones los guerrilleros le tenían por nombre  la Guardería,  porque en este lugar   nacieron  varios  hijos de guerrilleros y de algunos civiles.

Por las privaciones, limitaciones, dificultades de la lucha y de la vida guerrillera, no era, ni es conveniente tener un bebe en los campamentos, de tal forma que el niño fue entregado  a una familia amiga que lo crío, lo educó con cariño,   rigor y buen ejemplo. La abuela encargada de la crianza y educación lo levanto como hijo propio. El Mono sentía por ella inmenso aprecio y profundo respeto. La abuela era una persona culta, muy amable y con formación política que de cuando en cuando le hacía críticas  muy concretas e inobjetables al comandante. Ella, lo cogía del brazo y le decía: Jorgito tal y tal cosa no es así por esto y por esto… creando con estos gestos inmensa autoridad ante el Líder Revolucionario.

El niño ya adolecente, en unas vacaciones fue a visitar al Papa en la época del despeje en San Vicente del Caguán, como el Camarada no tenía todo el tiempo para dedicarlo al niño y además ya estaba pensando en convencerlo para que ingresara a la guerrilla, lo mando con un grupo de guerrilleros que estaban adelantando un curso de explosivos; Chepe como le decimos al hoy comandante del 7º frente, estaba iniciándose en el vicio del cigarrillo,  por descuido de los instructores prendió uno encima de una  gran cantidad de pólvora negra, esta deflagró con fuerza y le quemo la cara.

Quienes por esos días estábamos con el camarada  habíamos pasado con el  cantidad de episodios muy difíciles, propios de guerra,  enfrentamos con gran éxito enormes operativos militares a su lado, pero  jamás habíamos visto al legendario y valiente comandante tan asustado, sin saber qué hacer, al ver la cara del niño, no tanto por la gravedad de las quemaduras que de bulto se veía no eran heridas profundas, sino sobre todo porque tenía que enfrentar a la abuela y no sabía, decía el Mono, como le iba a salir, que le iba a decir cuando ella viera  la cara chamuscada  del Che.