El Mono Jojoy: militante insigne de la revolución

A cuatro años de su partida

Las revoluciones no dependen de hombres en particular, ellas son producto de la acción de las masas. Sin embargo, existen hombres que son depositarios de grandes ideas y que con su empeño y sacrificio, son ejemplo para que el pueblo en su conjunto se movilice por la construcción de un nuevo modelo de sociedad.

Son hombres que impulsados por nobles ideales moldean el duro metal de la revolución, y que día a día se aceran más moralmente. Además tienen la capacidad de trasmitir esa dinámica a quienes se encuentran a su alrededor. Personas así solo es posible encontrarlas en la actividad revolucionaria. En ese contexto encontramos la figura del comandante Jorge Briceño.

El camarada Jorge Briceño al que por cariño llamábamos Mono, entregó prácticamente toda su vida a la construcción del socialismo. Es un ejemplo para todo revolucionario que quiera tomar la decisión firme de ayudar a construir la sociedad comunista.

Durante su fructífera vida enfrentó al imperialismo y sus vasallos, la oligarquía colombiana. Esta dedicó ingentes esfuerzos para desaparecerlo. Sin embargo, después del desproporcionado uso de la fuerza para matar al indiscutible estratega militar, el sistema tiene que enfrentar sus ideas en su presentación más sublime. Estas, que son a prueba de balas y que las miles de toneladas de munición y explosivos no pueden matar.

Es por eso que el enemigo intenta, por múltiples medios, desdibujar al Mono, satanizándolo. No es casual que, incluso durante su entierro los medios presentaran que al camarada Jorge le había tocado el número 666 en el cementerio.

Quienes conocimos al Mono damos fe de su conducta revolucionaria. Siempre vivió preocupado por la educación de los combatientes y de la suya misma, pues era un autodidacta excelso. Como algo anecdótico, recordamos que hacía discursos en voz alta y se grababa a sí mismo, para encontrar los posibles errores de dicción o lectura, a objeto de superarlos. Era parte de su disciplina natural el estudiar todos los días, con el afán de arrancar con cada página leída un pedazo a la ignorancia. Ávido lector, sabía que en los libros había una gran cantidad de conocimiento, producto de la experiencia histórica de la humanidad.

Convivir con el Mono era asistir a una escuela, pues su trabajo no solo era un ejemplo, sino que además constituía una enseñanza, un verdadero arsenal para la dirección de las tropas en el futuro, a fin de lograr la materialización de las diferentes tareas contempladas en nuestro plan estratégico.

Nadie que lo haya conocido puede negar que el Mono era una fuente permanente de alegría. Nunca dejó de sonreír, fueran cuales fueran las dificultades. Como dice el dicho popular, le mamó gallo a la muerte, pues lo sentimos vivo, como un patrimonio de todos nosotros, de cada nuevo combatiente que ingresa y de cada colombiano que entre en contacto con miembros de nuestra organización.

El Mono se preocupó por llevar organización y desarrollo a las comunidades. La construcción de vías de comunicación no era para él un capricho, sino la posibilidad de carreteras por las que pudieran circular los pobladores abandonados por el Estado, así como proveerse de los productos más necesarios al tiempo que sacar el fruto de sus cosechas a los mercados.

Siempre fue un gran amigo de los niños, a los que quería mucho, uno de sus rasgos humanos más característicos. Humanidad que solo puede existir en un comunista que ofrenda su vida para que otras generaciones puedan vivir en paz.

A pesar de sus difíciles condiciones de salud, el Mono permaneció siempre con sus tropas, dirigiéndolas sabiamente, para materializar las tareas de plan general. Si alguna cosa en especial hay que destacar en él era su constante preocupación por el cumplimiento del plan estratégico, el cual repasaba con frecuencia y cabía completo, con todos sus detalles en su cabeza. Su vida transcurrió en función de la construcción de la revolución. No es un secreto que la diabetes afectó seriamente su salud, pero jamás se amilanó, hasta su ultimo día estudió y planificó las tareas a cumplir.

Son esas las tareas que debemos cumplir, siguen pendientes, son parte de nuestro plan general. Debemos dedicar cada instante al logro de nuestro objetivo supremo: la revolución. Para ello, debemos estudiar constantemente, y dar todo de nuestra parte, sacrificarnos lo que más podamos, tal como lo hiciera el camarada Jorge. De seguro que con cada instante que le dediquemos al estudio, al trabajo, al combate, estaremos diciendo en la práctica al camarada Jorge: ¡Aquí estamos!

La oligarquía colombiana y el imperialismo pueden estar seguros de que nosotros no cejaremos un instante en nuestros esfuerzos por materializar el sueño de millones de colombianos, la paz con justicia social. Esa por la que tanto luchó el insigne comandante Jorge Briceño.

Si el gobierno de Juan Manuel Santos está dispuesto a construir la paz en beneficio de todo el pueblo colombiano, es seguro que nos atornillaremos en la Mesa hasta el Acuerdo Final. Pero si por el contrario, su propósito real es la continuidad de la guerra, todos los integrantes de este Ejército del Pueblo, con la misma entrega que lo hiciera el Mono, haremos frente a la violencia y el terrorismo estatal, hasta alcanzar con nuestro pueblo, por la vía que nos impongan, la ansiada paz que soñamos.

¡Comandante Jorge Briceño… Presente, Presente, Presente!

SECRETARIADO DEL ESTADO MAYOR CENTRAL DE LAS FARC-EP
Montañas de Colombia, 22 de septiembre de 2014
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